Las 5 brechas económicas entre hombres y mujeres según el Banco Central

Política 03 de agosto de 2020 Por aldana reinoso
La autoridad monetaria elaboró un informe para reflexionar sobre las desigualdades y promover el desarrollo pleno y el ejercicio efectivo de los derechos de las mujeres
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Un estudio del Banco Central resalta las inequidades que todavía existen para las mujeres en la Argentina. La campaña #MujeresyBrechaEconómica se lanzó a través de las redes sociales con el objetivo de divulgar información sobre distintas brechas económicas. Se concentró en 5 ejes, obtenidos del Informe de Inclusión Financiera y otras estadísticas oficiales:

Trabajo no remunerado:

“La brecha en la distribución del trabajo doméstico es una de las mayores fuentes de desigualdad entre mujeres y varones", al incluir el efecto de las horas de ocupación no remunerada, con un promedio de 42 horas semanales; mientras que las rentadas registran una media de 15 horas en ese período, en contraste con la franja masculina que es de 17 horas y 33 horas, respectivamente.

Brecha en el mercado laboral:

“Las mujeres participan de la actividad económica 20% menos que los varones, esto tiene su correlato en la menor cantidad de titulares de cuentas sueldo de la franja femenina con 2 de cada 10 frente a 3 de cada 10 en el género opuesto.

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Brecha de ingresos:

"La diferencia existe a pesar de que las mujeres tienen mayor formación educativa: el 60% cuenta con ciclo secundario o superior completo en contraposición del 55% en los varones.

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Brecha en el acceso al crédito:

“Los varones acceden casi el doble que las mujeres a préstamos que requieren mayores garantías y tiene plazos más largos de repago, como el segmento de los prendarios e hipotecarios”, en el primer caso la proporción es de 1,9% a 1%; y en el segundo es de 1% a 0,5 por ciento.

"Los varones acceden casi el doble que las mujeres a préstamos que requieren mayores garantías y tiene plazos más largos de repago, como el segmento de los prendarios e hipotecarios"

Techo de cristal:

“Hay un 30% menos mujeres que varones en puestos jerárquicos y de decisión en ámbitos laborales. El 5,4% ocupa cargos de jefatura o dirección, en comparación con el 7,8%” del opuesto.

De ahí concluye la autoridad monetaria: “Todas estas desigualdades afectan el desarrollo y la independencia económica de las mujeres e impactan en la construcción de una sociedad equitativa”.

Estudio especial del Ministerio de Trabajo

También el Ministerio de Trabajo hizo un estudio ad-hoc sobre la diferencia de género en el mundo laboral: “Empleo y remuneraciones por sexo”, a través de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales, específicamente el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, que funciona en el marco de la Dirección General de Estudios y Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo, “mantiene el camino iniciado por la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, la Coordinación de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades en el Trabajo y la Secretaría de Empleo, orientado a visibilizar la problemática de género en el mundo del trabajo. Toma como referencia las recomendaciones desarrolladas en el marco del proyecto de Cooperación Técnica ‘Políticas de Empleo para la igualdad de género’ de la OIT”.

La base de datos es el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en términos brutos, es decir, es la remuneración por todo concepto, (previa a las deducciones por cargas sociales) declarada por la empresa para cada mes. Incluye adicionales de periodicidad no mensual, horas extraordinarias, viáticos, sueldo anual complementario y bonificación por vacaciones, gratificaciones y suplementos adicionales que tengan el carácter de habituales y regulares, viáticos y gastos de representación excepto en la parte efectivamente gastada y acreditada por medio de comprobantes, y toda otra retribución, cualquiera que fuere la denominación que se le asigne, percibida por servicios ordinarios o extraordinarios prestados en relación de dependencia.

 
La primera lectura de la estadística oficial para un período de 23 años, da cuenta de que mientras en el total de habitantes en el país la participación de la mujer ha superado en forma casi constante el 53%, en el mercado de trabajo asalariado privado registrado la proporción no es sólo sustancialmente menor, sino que pese a las tendencias internacionales, la incidencia progresa a ritmo singularmente lento, en particular desde el inicio del nuevo milenio.

Así, mientras que en el último lustro del siglo anterior la tasa de participación del género femenino en el mercado de trabajo formal privado en relación de dependencia tuvo una dinámica notablemente expansiva, pasó de 26,7% del total en 1996 a 29,9% en el 2000, y por factores fundamentalmente inerciales se sostuvo en los dos primeros años del nuevo milenio, hasta alcanzar un pico de 31,3%, luego virtualmente se estancó.

“La tasa de participación del género femenino en el mercado de trabajo formal privado en relación de dependencia pasó del 26,7% de la población de mujeres en 1996 a 29,9% en el 2000, y se estancó en 32,8% en los últimos años“


Si bien el informe oficial no da pistas sobre las causas de la interrupción de ese proceso, al punto que desde entonces se retrajo de modo persistente hasta 30% del total del empleo asalariado privado registrado en 2006, pareciera que un factor clave desde la crisis de 2002 fue la difusión de planes asistenciales, con cabeza principal en las jefas de hogar para impulsar la escolarización y el cumplimiento del plan nacional de vacunación a través de la Asignación universal por Hijo a las familias que reúnan alguna de las siguientes condiciones: desocupado; trabajador no registrado (sin aportes); ocupado en el servicio doméstico; Monotributista Social; o inscripta en “Hacemos Futuro Manos a la Obra, y otros programas del Ministerio de trabajo: empleo autogestionado; interzafra; promover talleres protegidos; empleo comunitario; seguro de capacitación y empleo; jóvenes incentivo empleo independiente, apoyo a la búsqueda de empleo, talleres de orientación, terminalidad educativa, formación profesional, entrenamiento para el trabajo, entre otros.

 
A partir de 2009 se observa un nuevo repunte de la tasa de femeneidad en el trabajo privado asalariado en blanco, pero encuentra un punto de resistencia en 2016, donde alcanza el máximo de la serie con 32,8% del total de la población del segmento, y se sostuvo en los últimos años.

La tasa de participación laboral de la mujer en términos de la población económicamente activa del género se ubica en el rango del 57%, muy por debajo del 76,5% en Nueva Zelanda; 76,2% Dinamarca; 75,3% Canadá; 74,4% Alemania; 73,7% Perú; 73% Reino Unido; 72,6% Australia; 69,3% Israel; 68,8% España; y 68,7% en China y Uruguay, por mencionar sólo algunos de los 147 países que se ubican por arriba en la tabla elaborada por el Banco Mundial sobre un total de 235 Estados.

 
Del informe de la cartera laboral surge que por tramos etáreos la franja de 25 a 35 años es la que registra la mayor tasa de femeneidad en el mundo del mercado asalariado privado, con 35% del total, unos 15,6 puntos porcentuales por debajo de la participación en la población de ese segmento de edad. Le siguieron, en orden decreciente los tramos de 36 a 45 años con 33,5%; y de 46 a 55 años, con 33,2 por ciento

Por el contrario, en los extremos, de 18 a 24 años, como de más de 55 a 65 años y más, la participación la mujer mantiene una brecha más negativa respecto de la representatividad de los varones, pese a que en los dos últimos es donde el Censo de población y Vivienda detectó la mayor presencia femenina

Nuevamente, la estadística de 23 años muestra que esas proporciones fueron casi constantes, fenómeno que demuestra la carencia de política públicas con incentivos para quienes deseen incorporarse al mercado de trabajo asalariado puedan concretar sus objetivos.

“Se advierte una carencia, casi estructural, de política públicas con incentivos para quienes deseen incorporarse al mercado de trabajo asalariado puedan concretar sus objetivos“

Y en línea con el análisis que hicieron los economistas del Banco Central, el informe especial de la cartera laboral confirmó los datos anticipados por el Indec de un notable rezago en la media salarial de las mujeres respecto de los varones, de casi 23% o un 29,3% de distancia, aunque no considera el efecto de la intensidad laboral.

Los últimos datos difundidos por el Indec de promedio de horas semanales trabajadas por género corresponden al segundo trimestre de 2015, con 43 para los varones y 32 para las mujeres. De ahí que, si se ajusta la brecha de ingreso medio por esa diferencia en la intensidad laboral, surge que en la media general el segmento femenino percibe un salario total horario 3,9% superior al de la media de la franja masculina.

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En la industria electrónica fueguina se registra una alta participación de la mujer en los puestos de armado de productos

Si esa brecha horaria se repitiese en los 56 grandes sectores de actividad analizados, la distancia negativa de ingreso horario, como promedio general se reduciría a sólo seis sectores: Pesca y actividades relacionadas; Extracción de petróleo crudo y gas natural; Transporte marítimo y fluvial; Transporte aéreo de cargas y de pasajeros; Servicios auxiliares a la actividad financiera y Servicios inmobiliarios.

La mayor brecha negativa en el nivel de ingresos brutos se registra en el segmento más maduro, de 56 a 65 años, con 26,2% inferior al que perciben el sexo masculino; similar al del grupo previo de 46 a 55 años; y el de 36 a 45% con 22,8%; mientras que por rama actividad se registran sólo 6 sobre 56 donde la rama femenina supera al varón: silvicultura y extracción de madera 42,8%; construcción 24,1%; maderera 17,5%; equipos especiales de transporte 4,9%; agricultura y ganadería 1,5%; y enseñanza 1,4 por ciento.

”La mayor brecha negativa en el nivel de ingresos brutos se registra en el segmento más maduro, de 56 a 65 años, con 26,2% inferior al que perciben el sexo masculino”


Las mayores brechas negativas de ingreso absoluto se observan en la actividad pesquera 56,4%; transporte marítimo y fluvial 41,1%; servicios auxiliares de la actividad financiera 38,6%; servicios inmobiliarios 32,4%; transporte aéreo y de carga 32,2%, y agencias de empleo temporario 25,8%, entre otras.

Más mercado es menos patriarcado

Así define Natalia Motyl, economista de la Fundación Libertad y Progreso, la realidad de la franja femenina en el mundo laboral local en comparación con otros país: “en aquellos países con mayor libertad económica, las mujeres disfrutan de una mejor calidad de vida, con mayores oportunidades y una mejor inserción laboral”.

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Con datos del Banco Mundial, Motyl observó: “las mujeres jóvenes en proporción del total de ese segmento de cada país que no posee educación, empleo ni capacitación es mayor a menor libertad económica (ILE). De 180 países, Estonia ocupa el puesto 15 de libertad económica y su porcentaje es de 8,9%, mientras que nuestro país en el 148 casi el triple de porcentaje”.

 “Las mujeres jóvenes en proporción del total de ese segmento de cada país que no posee educación, empleo ni capacitación es mayor a menor libertad económica (Motyl) “


Además, la economista dijo a Infobae: “el empleo vulnerable femenino, que según la OIT son los familiares no remunerados y autónomos, es del 19% en nuestro país, cuando en países más libres como Australia, que se encuentra en el puesto 5 de libertad económica, es sólo un poco más del 8 por ciento”.

Y en línea con lo anterior, Motyl destaca: “tampoco es fácil para nosotras, con menor libertad económica, emprender un negocio en la Argentina. Gastamos 5 veces más de tiempo y recursos que el varón”.

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Desde el Ministerio de Economía se anunció que este lunes se va a poner en funcionamiento formalmente la Dirección de Economía, Igualdad y Género, a cargo de Mercedes D’Alessandro, con la presencia del titular de la cartera, Martín Guzmán, y se presentará un informe actualizado de las brechas de género.

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