Biden y el mercado petrolero de la pospandemia

Política 27 de noviembre de 2020 Por Aldana Reinoso
La historia petrolera quedará marcada por el colapso de los precios de abril pasado, cuando el coma inducido en la economía mundial por las medidas sanitarias para responder a la pandemia generó una abrupta caída de la demanda.
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Alrededor de 30 millones de barriles7día sobre un consumo prepandemia promedio de 100 millones b/d. × La EIA (Agencia Internacional de Energía) estima que en promedio la demanda de petróleo mundial en 2020 va a caer alrededor de 10 millones de b/d respecto al 2019. Rystad Energy, una consultora internacional especializada en el sector, ajustó su último pronóstico de consumo petrolero promedio para el año a 89.3 millones de b/d.

El futuro petrolero de la pospandemia se debate al ritmo de recuperación de los niveles de demanda, con el hito de los 100 millones de b/d que se consumían antes del coronavirus. Al empezar la crisis del coronavirus se pensó que tan pronto como se superaran las restricciones de confinamiento y se recuperara la economía mundial, el consumo petrolero iba a igualar los niveles prepandemia y mantener su ritmo de crecimiento.

Terminando este año tan especial comienzan a prevalecer análisis sobre los posibles impactos estructurales de la pandemia en los hábitos de trabajo y de desplazamiento con la consiguiente reducción gradual pero sostenida en la demanda de combustibles (menos traslados a los centros urbanos, menos traslados aéreos, posible retracción del comercio mundial con afectación del tráfico marítimo).

Recordemos que el transporte representa el 60% del consumo petrolero. Si a estos cambios de hábitos, añadimos cambios en las preferencias alineados a la necesidad de descarbonizar el consumo energético, sumado a una mayor penetración de autos eléctricos en el parque automotriz, es probable que el pico de demanda petrolera mundial se anticipe unos años respecto a las previsiones anteriores a la pandemia. Rystad prevé un consumo pico para el año 2028 de 102 MMb/d.

Antes estimaba un consumo pico de 106 MMb/d para el año 2030. En todas estas consideraciones relativas a la demanda, el triunfo de Biden sobre Trump no mueve demasiado el amperímetro. Biden volverá a adherir a los acuerdos de Paris y podrá mostrar que las mayores reducciones de CO2 en el planeta se dieron en Estados Unidos, a pesar de Trump, debido al proceso de sustitución de carbón por gas natural en la generación eléctrica. Esa sustitución tenderá a profundizarse.

Biden puede promover a través de la agencia ambiental nuevas especificaciones más exigentes para el consumo de combustibles, pero la reconfiguración del poder en el Congreso lo aleja de la posibilidad de llevar adelante el "New Green Deal" que promueven las corrientes más progresistas de su partido.

Las diferencias entre Biden y Trump se van a hacer más evidentes por el lado de la oferta petrolera. Si se anticipa el pico de demanda petrolera mundial y empieza a vislumbrase un consumo de estable a decreciente en los años futuros, el mercado petrolero irá a escenarios de ajuste de oferta donde muchas producciones costosas empezarán a desactivarse. En esos escenarios los productores pueden responder defendiendo market share en un nuevo round de todos contra todos como se insinuó en marzo de este año (sauditas, rusos, y frackers compitiendo por precios), o renegociando nuevos acuerdos productivos que terminen alineando intereses difíciles de articular antes de la pandemia .

Los americanos tienen restricciones legales (ley anti-trust) para sumarse a un acuerdo entre productores, pero una nueva administración Trump hubiera sido más permeable a exhumar intervenciones domésticas a través de entes reguladores ya existentes como la Texas Railroad Comission, u otros a crearse. Una OPEP++ (es decir, con la adhesión más o menos implícita de EE.UU.) puede arbitrar un esquema de precios internacionales "administrados", menos volátiles, pero más caros que los anticipa un consumo pico adelantado.

Aunque hay poderosos intereses en juego que convergen en esta dirección, la administración Biden estará menos inclinada a este tipo de arreglos. Se limitará, según lo comprometido, a restringir el fracking en tierras federales sin afectar los desarrollos no convencionales de los Estados (donde el dueño del suelo es dueño del subsuelo petrolero), y puede que revise la estrategia diplomática con Irán levantando restricciones a la oferta de ese país (hay alrededor de 2 MMb/d en juego).

Todo esto augura un futuro petrolero con oferta más competitiva y precios más volátiles que tenderán a la baja en valores constantes. Otro llamado de atención para el desarrollo del potencial de Vaca Muerta y los recursos no convencionales de la Argentina. JOE BIDENPETRÓLEOESTADO UNIDOSPOLÍTICAS

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