Los "insiders" siguen huyendo de Wall Street y dan señal de alerta

Mundo 08 de diciembre de 2020 Por Mariano Garcia
Según monitoreos sobre los movimientos de los CEO y directivos de las grandes firmas, el mes pasado se intensificó la estampida. Cada vez más señales de ajuste, ante cada nuevo récord.
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No hay duda, y así lo confirma la historia, que vivir dentro de una burbuja bursátil es fantástico, hasta que alguien saca un alfiler. Por eso, en el actual contexto, vale recordar lo que en 2000, tras el estallido de la burbuja tecnológica 1997/99, señaló el mega-inversor Warren Buffett: nada calma la racionalidad como ganar grandes cantidades de dinero sin esfuerzo. Hoy en día, desde el derrumbe de marzo pasado al inicio de la pandemia, millones de inversores han ganado una cantidad importante de dinero con poco esfuerzo. Diferentes combustibles alimentan cada burbuja, y esta incluye trabajar desde casa, mayor tiempo libre, bajos costos comerciales y abundantes comentarios de inversión para mantener el apetito. Hace rato, récord tras récord, se vienen emitiendo advertencias sobre las elevadas valoraciones, pero sobre todo para los nuevos inversores sigue siendo difícil alejarse de semejante forma de ganar dinero. Claro que la mayoría piensan salir del mercado antes de que corrija, pero el problema es que nadie sabe cuándo ocurrirá o en qué medida. Siguiendo a Buffett, en su autopsia sobre la burbuja tecnológica, no hay que soslayar que “un alfiler acecha cada burbuja, y cuando los dos finalmente se encuentran, una nueva ola de inversores aprende unas de las lecciones más antiguas: la especulación es más peligrosa cuando parece más fácil”.

Las valoraciones bursátiles parecen no guardar relación con las perspectivas de crecimiento económico potencial y por ende con las ganancias corporativas. Los múltiplos de muchas acciones parecen estratosféricos ligados más a la esperanza que a la economía. Y cuando los mercados se sobrecalientan tienden a una autocorrección realista a medida que las expectativas de los inversores se vuelven más racionales. Estas correcciones suelen ser agudas, afectando más a los sectores y empresas donde la especulación fue más intensa.

Hoy que las Bolsas parecen estar desafiando a la ley de gravedad, algunos ponen reparos considerando que el rally ha llegado a su fin basándose en señales concretas como la huida de los “insiders” (son los CEO y directivos de las compañías) que se suponen conocen muy bien sus negocios y saben cosas que el resto de los mortales, conocerán después. Por un lado, semanas atrás se vio mayoría de inversores marcando récords de entradas de dinero en la Bolsa, y al mismo tiempo los “insiders” han estado vendiendo más que nunca en noviembre pasado. Así lo reflejan por ejemplo las estadísticas recopiladas por J3 Information Services Group, que monitorea la compra-venta de acciones de estos inversores calificados, muestra ventas masivas, lo que algunos califican como una estampida. De modo que los inversores que poseen la mejor información parecen estar anticipando una gran caída y se están preparando para ella reduciendo sus riesgos. Según la visión de algunos analistas técnicos, ya se está dentro de un mercado bajista y sugieren mirar los pullbacks (caída temporal o breve retroceso en la tendencia predominante de un activo) de Wall Street entre 2000 y 2003 para tener una idea de lo que está por venir. Estos expertos consideran que entre cuatro y cinco meses es el tiempo que tomará barrer a los inversores que compraron a precios demasiado altos y recompensar a los “insiders” que salieron a tiempo, justo antes de que comience un rebote. Por otro lado, hay otra señal que miran estos analistas. Se trata del índice que replica al dólar estadounidense y al VIX (que mide la volatilidad en las Bolsas) formando importantes pisos y preparándose para subir. Cuando estos dos índices se disparan, normalmente, casi todo lo demás (incluida la renta variable) tiende a caer.

Pese a todo, hoy los mercados se preguntan si el lanzamiento de las vacunas contra el coronavirus desencadenará una reacción suficiente para impulsar la economía y provocar inflación y, por lo tanto, dará un impulso a industrias desfavorecidas como las financieras y la energía. Los flujos recientes en el mercado sugieren que muchos inversores piensan que sí. Según Bank of America, en las últimas cuatro semanas ingresó un récord de u$s115.000 millones en acciones, incluidos u$s25.000 millones en acciones de mercados emergentes. Además hubo una salida récord de u$s9.000 millones en las últimas tres semanas desde el refugio del oro. En aras de saber hacia adónde se dirigen los mercados, y cuando muchos aconsejan mirar la década del ‘60, Jurrien Timmer, director de Fidelity Investments, examinó recientemente ese dilema y analizó el rendimiento total ajustado por inflación para el S&P 500 desde 1871. Lo sorprendente es que el mercado después de la crisis global de 2008 está siguiendo de cerca los mercados alcistas entre 1949 y 1968, y el de 1982 y 2000. ¿A cuál de las dos eras se parece más la fase actual? Timmer dice que el rendimiento superior de las acciones de crecimiento de gran capitalización hace que se parezca más a la era de 1949-1968. Una distinción importante entre la década de 1960 y la de 1990 es que la de 1960 produjo un repunte secular de la inflación, mientras que la de 1990 no vio tal punto de inflexión. No está seguro de si eso va a suceder. Si la brecha de producción, es decir, el desempeño económico en relación con lo normal, continúa cerrándose, Timmer dice que el valor y las acciones de pequeña capitalización y fuera de EE.UU. podrían superar el crecimiento, las acciones de gran capitalización y las acciones de EE.UU. hasta bien entrado 2021.

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