Fondos: todos se fueron, menos BlackRock

Novedades 17 de diciembre de 2020 Por Mariano Garcia
A diferencia de los principales fondos de inversión que habitaban el país, la casa de inversiones que maneja Larry Fink no se desprendió de ninguna de las posiciones en empresas vinculadas con la economía real local.
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La operación de colocación de deuda cerrada el martes por unos u$s750 millones, determinó una novedad importante para el mercado financiero criollo: prácticamente, ya casi no quedan grandes fondos de inversión internacionales con posiciones importantes en deuda emitida en pesos. Antiguos protagonistas del mercado de capitales local en los últimos años como Fidelity, Ashmore o PIMCO, ya abandonaron el país.

Los mayores apostadores por estos papales (la mayoría llegados desde el primer trimestre del 2016 y abandonando el país desde el primer semestre del 2018); terminaron su faena y ya están fuera de la jurisdicción local. De alguna manera ambas partes (el ministerio de Economía y los operadores locales que manejan las carteras de los principales fondos), cumplieron con el “Pacto” establecido. Por una parte salir ordenadamente de las posiciones en pesos hacia dólares y desde ahí fuera de la legislación argentina; pero sin presionar sobre el tipo de cambio a través del dólar bolsa. Por el otro, emitir deuda en divisas antes que termine el año, y a la tasa que indique el mercado. Todos se dieron un simbólico apretón de manos, y terminaron su relación. Salvo uno.

Sorpresivamente, según los datos que manejan desde el oficialismo y el mercado, el fondo BlackRock mantuvo parte de sus bonos en pesos y dólares. Pero además, en todo el tiempo que cruzó desde la reestructuración de deuda cerrada en septiembre de este año hasta hoy; la casa de inversiones que maneja Larry Fink no se desprendió de ninguna de las posiciones en empresas vinculadas con la economía real del país. En definitiva, y a diferencia de sus fondos colegas, BlackRock apuesta por la recuperación de la economía argentina. Y con hacer diferencias con esa mejora.

Esto fondo de inversión fue el principal referente de los acreedores internacionales, con los que el país negoció la salida del default, al punto de no negarse a representar el papel del “policía malo” de la reestructuración. Y en contraposición con los otros actores del poker negociador que asumieron el rol del “Policía bueno”. La realidad es que, como en casi todos los países del globo (incluyendo tanto estados hiperdesarrollados como países como Irak o Afganistán); BlackRock es desde hace años un socio de la Argentina; tanto en la economía financiera como en la real. Se estima que mantiene luego de la reestructuración posiciones de deuda local por unos u$s2.000 millones correspondientes en un 70% a deuda emitida bajo legislación internacional y 30% local. Pero su fuerte en el país, es su presencia en empresas vinculadas al mundo financiero, industrial y de servicios públicos. No solo por su intervención como accionista de multinacionales de fuerte presencia local como Coca Cola, Bayer, Apple, Microsoft o Telefónica; sino por su participación como tenedor de acciones de varias de las empresas más importantes del mercado de capitales como Mercado Libre, Tenaris, Grupo Galicia, Banco Macro, Telecom, Pampa Energía, TGN, Arcos Dorados y Adecoagro. Pero donde más resonante es su presencia local, es como uno de los accionistas privados fundamentales de la perla del Estado argentino: YPF. El fondo posee 9,77 millones de acciones correspondientes al 5,67% de los papeles en circulación; posición en la que durante la pandemia internacional, como en el resto de sus tenencias en petroleras, perdió fortunas. En YPF, BlackRock es el segundo inversor privado luego del fondo mutualista Wellington, e ingresó en la petrolera en los tiempos en que el kirchnerismo abría el capital para sumar socios privados de nivel internacional, bajo consejo de los entonces buenos amigos de Repsol. En abril de 2012 la petrolera se renacionalizó, los accionistas españoles desaparecieron, pero BlackRock mantuvo posiciones.

Calificado en 2014 como “fondo buitre” por Cristina Fernández de kirchner; el compromiso del fondo de Fink como socio local llegó a la cima durante el gobierno de Mauricio Macri, con el que tuvo dos encuentros y cuando decidió abrir una oficina en julio de 2018 en el país, eligiendo dos impactantes pisos en la zona de Catalinas, desde donde fiscalizaría las enormes posesiones medidas en miles de millones de dólares que BlackRock tiene en Argentina y Uruguay. A tal punto llega esa interacción, que en esta sede local aún se mantiene una interconexión con la verdadera llave del éxito financiero de BlackRock. En una sala de estas oficinas funciona una terminal que opera online con el mayor tesoro del fondo de inversión: el sistema Aladin. Se dice en Wall Street, y el fondo no lo desmiente, que se trata del Big Data más grande del sistema financiero mundial y uno de los mayores en operación.

A través de este sistema central de operaciones, BlackRock puede tomar decisiones de manera virtual sobre los movimientos financieras de todas las operaciones del globo, calculando lo que se tuvo, tiene o tendrá con determinada inversión concretada o de potencial importante. Aladdin calcula el riesgo de una acción o un titulo público, aconseja decisiones de compra y venta y evalúa escenario futuros. No sólo toma en cuenta la historia de esos papeles, sino quienes son los inversores interesados, logrando discernir hasta el grado de especulación de los demandantes u oferentes; con el objetivo de minimizar al máximo el riesgo de cada inversión.

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