Cómo lograr que las finanzas ayuden a la inclusión

Política 16 de febrero de 2021 Por Aldana Reinoso
Impulsados por las necesidades que deja la pandemia, los bancos buscan atender tanto las necesidades de las firmas que buscan escalar sus proyectos de sustentabilidad como financiar proyectos sociales: empoderamiento femenino, reducción de la brecha digital y la inclusión de los jóvenes en el mercado laboral son algunas de las iniciativas.
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El paradigma cambió y la industria financiera contempla cada vez más el cambio climático y los ODS como factores relevantes para su estrategia de inversión. Los instrumentos verdes se incrementan en la cartera de los bancos para dar respuesta a la creciente necesidad de las firmas de mejorar los índices de impacto ambiental de sus operaciones y también para dar cabida a las necesidades sociales que la pandemia incrementó y que requieren financiamiento.

En este nuevo contexto, las finanzas inclusivas y de triple impacto toman relevancia y las entidades apoyan proyectos con esa impronta: emprendimientos de la economía social, de colectivos desatendidos tradicionalmente por la banca y proyectos de infraestructura con beneficios sociales importantes son algunas de las iniciativas, tanto como solventar la educación de jóvenes vulnerables para mejorar su empleabilidad y lograr la inclusión financiera de mujeres.

"El objetivo es responder, impulsar y beneficiarse de una nueva economía de desarrollo sostenible para construir un sector más solvente y empático con las necesidades de la sociedad", opina Constanza Gorleri, gerente de Sustentabilidad de Banco Galicia, uno de los signatarios de los Principios de Banca Responsable impulsados por Naciones Unidas (UNEP FI), que buscan guiar al sector.

 
En el Galicia, la alineación se manifiesta en el portfolio de las líneas crediticias: desde bonos verdes para financiar energías renovables hasta la Línea Covid-19 para acompañar a Mypymes productoras y proveedoras de insumos de salud.

También desarrollaron la Línea +B destinada a empresas de triple con impacto, con especial foco en Empresas B para fortalecerlas. En los primeros seis meses de su lanzamiento, se colocaron más $ 38 millones a través de 12 proyectos. 

Aliados a Sumatoria -una organización sin fines de lucro que permite a inversores privados financiar proyectos de la economía social- acompañan al Fondo COVIDA-20 para dar una respuesta a la crisis financiera y social generada por la pandemia y realizaron un aporte no reembolsable de $ 3,5 millones. 

Uno de los proyectos financiados es el de la cooperativa textil Enredo integrada por mujeres en situación de vulnerabilidad: el financiamiento de más de $507.000 les permitió comprar materia prima y producir títeres, barbijos hipoacúsicos y bolsas de tela estampada. Más de 60 personas trabajaron en el proyecto.

En colaboración con Aapresid financian a productores con certificación en agricultura sustentable y trabajan en el Bono de Impacto Social destinado a la inserción laboral de jóvenes, junto a socios como el Banco Ciudad, BID FOMIN, IRSA y Organización Román. Con una inversión de $ 53 millones y a pesar de la pandemia, muchos jóvenes lograron insertarse en el mercado laboral y ya cuentan con 1084 beneficiarios en el programa.

¿Dificultades para financiar la sostenibilidad? "Son muy bajas: hay un mercado receptivo a estas herramientas financieras porque es la oportunidad para contribuir a sociedades más inclusivas y con conciencia ambiental", dice Gorleri, para quien en el futuro surgirán herramientas de financiamiento a medida de las agendas de cada empresa. "Habrá oportunidades en desarrollo de emprendedores y en igualdad de género", dice. Galicia también se asoció en "Tech for Good Partnership" en América Latina para acelerar la inclusión digital y financiera y apoyaron la creación de la app "Mujer Financiera", que favorece la inclusión financiera de las mujeres.

MÁS INCLUSIÓN


"La tendencia global es hacia iniciativas que promuevan la inclusión social y la reducción del impacto ambiental. Se refleja en el crecimiento de los fondos dedicados a ESG, que duplicaron sus activos bajos administración en los últimos tres años según Morningstar", dice Vanesa Marignan, gerente de Banca Responsable de Santander.

A nivel local, Santander impulsa el crecimiento inclusivo y sostenible con foco en la educación como motor del desarrollo social. "Programas para mejorar la calidad educativa y promover la inserción laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad, formación digital, educación financiera, becas, cursos de marketing digital para microemprendedores, programas de educación ambiental para escuelas y capacitaciones en programación para docentes rurales", enumera las iniciativas Marignan.

La entidad cuenta con Sucursales de Integración Social (SIS), que facilitan el acceso de sectores no bancarizados al sistema financiero para que crezcan en sus comunidades: Barrio La Juanita, Ciudad Santa María, Castelar Sur, Don Orione, Barrio 31, Barrio 20, Barrio Itatí y Villa Jardín.

 "En 2020, desde las SIS, realizamos el programa de heladerías sociales junto a Vía Bana: 150 emprendedores de barrios vulnerables lograron acceder al financiamiento para poner su propia heladería, generando puestos de trabajo y bancarización", cuentan. Vía Bana es la segunda marca de la cadena de helados Grido y a la vez una propuesta social, ya que ofrece a emprendedores de barrios vulnerables abrir una heladería en su casa.

La entidad también está comprometida con el emprendedurismo de triple impacto: más de 35 firmas de estas características se sumaron al catálogo de canjes para clientes, SuperClub Comprometidos. El 80% de estos emprendimientos utiliza materiales reciclados o de bajo impacto ambiental, el 75% es liderado por mujeres, y el 38% trabaja con comunidades vulnerables y más de 25.000 productos elaborados por emprendedores que generan recursos a partir de negocios responsables fueron canjeados.

La entidad identificó dos verticales principales en su estrategia: la primera, adaptarse a un nuevo entorno empresarial, con foco en el cumplimiento y la adaptación a cambios regulatorios, comportamiento ético y gestión del riesgo, ciberseguridad y protección del dato, atracción y retención de talento diverso, entre otros aspectos; y la segunda, crecimiento inclusivo y sostenible para ayudar a la sociedad a lograr sus objetivos, con productos y servicios transparentes y justos, con valor social y ambiental añadido.

"Por eso invertimos en comunidad, ayudando a crear empresas y empleo, fortaleciendo economías locales, contribuyendo a la educación y formación de las personas y cuidando del impacto ambiental indirecto. También financiamos energías renovables y el desarrollo de infraestructura y tecnología más eficientes y sostenibles", dicen en la entidad que ya incorporó factores socio-ambientales en los procesos de análisis de riesgos y miden su grado de avance con indicadores que ayudan a demostrar la contribución positiva a la sociedad.

"Hacia adelante, esperamos se desarrollen áreas como los microcréditos", dicen en la entidad que certificó un marco de Préstamos Sociales, que permite calificar bajo criterios globales de sostenibilidad los créditos otorgados a MiPyMES y al sector de salud para mitigar el impacto de la pandemia.

MÁS ESCALA


Si los bancos están activos, las firmas también buscan el modo de financiar sus objetivos de sustentabilidad. MercadoLibre vio la oportunidad y colocó en el Nasdaq Bond Exchange sus Bonos Sustentables 2026, una oferta pública de u$s 400 millones de bonos al 2,375% con vencimiento en 2026. Según Andre Chavez, SVP Strategy, Corporate Development & IR de la firma, ahora contarán con los recursos necesarios para poner en marcha nuevas iniciativas de triple impacto a gran escala y profundizar las existentes.

"Aumentaremos la inversión en tres áreas: la inclusión financiera -mediante el aumento de créditos para Pymes y emprendedores-; la reducción de la huella ambiental; y el desarrollo social y el empoderamiento a través de la educación, para reducir la brecha digital y promover la inclusión de los jóvenes en el mercado laboral", dice. "No son iniciativas nuevas sino la profundización de proyectos estratégicos que requieren más recursos e inversión para generar mayor impacto", reconoce Chavez.

El primer objetivo es la inclusión financiera y la democratización del acceso al crédito, con aumento de los créditos para Pymes y emprendedores. "Somos un ecosistema con el propósito de democratizar el dinero y el comercio; junto a nosotros también crecen todos los protagonistas de este ecosistema: colaboradores, emprendedores y pequeñas y medianas empresas", explica.

Además de lograr una operación verde, el financiamiento también les permitirá acelerar las iniciativas de desarrollo social y de empoderamiento a través de la educación, reducir la brecha digital y promover la inclusión de los jóvenes en el mercado laboral. "Es un camino que ya venimos recorriendo: con nuestro programa Entropía, junto a la UTN, colaboramos con 400 becas para que chicos y chicas de escuelas públicas puedan ingresar a carreras de ingeniería. Y acompañamos a Chicas en Tecnología para contribuir a superar la brecha de género en la industria del conocimiento, en distintas provincias del país", cuenta.

FOCO EN LOS ODS


Acompañar a sus clientes y a la sociedad en su conjunto hacia una economía baja en carbono y con foco en los ODS es el objetivo de BBVA. "Generar nuevos negocios y ayudar a los clientes ofreciendo a grandes empresas, pymes e individuos productos que aporten una solución sostenible y de triple impacto", define el objetivo Hernán Carboni, de BBVA.

Un ejemplo es el crédito verde de $ 290 millones que otorgaron al Proyecto de Desarrollo Sustentable de la Cuenca Matanza-Riachuelo, a la UTE liderada por el grupo We Build, para obras de saneamiento y que será utilizada para ampliar el sistema troncal de cloacas en el área metropolitana de Buenos Aires, zona que requiere infraestructura industrial y urbana integrada para aliviar la contaminación en todo el ámbito de la Cuenca Hídrica. 

Así se dará respuesta a los problemas sociales y ambientales históricos en la región. "La obra incluye una planta de tratamiento de agua de última generación, que dará cloacas a 5 millones de personas del área metropolitana", explica Carboni el impacto social de la obra.

La entidad también otorgó un préstamo certificado como sostenible de $ 52 millones a la prepaga Medicus, fondos destinados a la compra de insumos y equipamiento para combatir el COVID-19, una solución que alinea el mercado de banca transaccional a los ODS y el Acuerdo de París. En retail, lanzaron préstamos personales 'eco préstamos', con una tasa preferencial y un plazo máximo de 60 meses para adquirir bienes que contribuyan al cuidado del medioambiente, aportando al ODS 13 de "Acción por el clima".

También financian la compra de vehículos eléctricos en alianza con VOLT motors y para el segmento de pequeñas y medianas empresas desarrollan una línea de préstamos verdes con un plazo de cuatro años y una tasa preferencial (35% TNA), para ser destinados a actividades sociales.

A nivel local, 20 entidades financieras locales ya firmaron el Protocolo de Finanzas Sostenibles y se comprometieron a desarrollar políticas internas para implementar estrategias de sostenibilidad; crear productos y servicios financieros para apoyar el financiamiento de proyectos con impacto ambiental y social positivo; optimizar los actuales sistemas de análisis de riesgo con foco medioambiental y social y promover esta cultura.

Uno de los bancos que participa de esta mesa es el HSBC. "Cada una de las entidades aporta su esfuerzo y su conocimiento para elevar la vara del mercado local. Creemos que hay grandes oportunidades, no sólo en bonos verdes y sociales, sino en productos e iniciativas sostenibles adaptados para todos los segmentos de la banca", dice Nicolás Limongelli, director de Estrategia, Planeamiento y Sustentabilidad. La entidad, que emitió su primer bono verde hace más de 6 años desarrolla productos y servicios de financiamiento a proyectos no sólo enfocados en el ambiente sino también sociales y para atender colectivos desatendidos.

"Trabajamos con clientes para acompañarlos en su transición a una economía más sostenible", dice Limongelli para quien el desafío será traer al mercado local la experiencia y los productos que ya han sido probados exitosamente en otras geografías, no solo en Asia y Europa sino en Uruguay, Chile, Brasil y México, entre otros, ya que en 2020 HSBC ayudó a gobiernos y otras instituciones a reunir casi u$s 20 billones para apoyar a comunidades afectadas por el Covid-19 y tuvo un rol clave en al menos 11 bonos sociales a nivel global, no sólo para atender las necesidades de la pandemia sino también en proyectos destinados al acceso al agua potable y a energía.

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