Dólar: BCRA enfrenta el pico de la tensión preelectoral con intervención en todos los frentes

Novedades 09 de noviembre de 2021 Por Aldana Reinoso
El Gobierno confía en su poder de fuego y descarta un viraje de estrategia después del 14-N. Escala la cobertura vía CCL, oficial, dólar linked y futuros. La política cambiaria y la negociación con el FMI.
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En la recta final de cara a las elecciones legislativas del próximo domingo, el Banco Central desenfunda toda su artillería para contener las presiones cambiarias. Como era de esperarse, en las últimas jornadas la demanda de cobertura del mercado se disparó y se extendió a todos los segmentos. En el gabinete económico descuentan que el pico de las tensiones se mantendrá durante toda la semana, pero confían en el poder de fuego oficial para evitar grandes sobresaltos y esperan un respiro después de los comicios que dé aire para sostener la estrategia cambiaria mientras continúa la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Mientras tanto, la intervención se despliega en todas las plazas.
La búsqueda de cobertura contra una eventual devaluación poselectoral, que el Gobierno descarta, se aceleró en todos los campos. Pese a que operan a valores muy elevados, el dólar contado con liquidación (CCL) “no intervenido” avanzó hasta la zona de $215 y el blue se vende a $199, lo que implica brechas de 115% y casi 100%, respectivamente, los niveles más altos del año. También escaló la cobertura al tipo de cambio oficial: fueron records tanto el flujo de inversiones hacia títulos dólar linked como el interés abierto en futuros en el Rofex y en el MAE.

Un informe de BAVSA señaló que los fondos comunes de inversión dólar linked (los que invierten mayormente en activos indexados al tipo de cambio oficial) “acumulan desde el 1º de septiembre casi $80.000 millones en suscripciones netas, lo cual sirve como un indicador de la firmeza de la demanda”. En ese marco, el bono dólar linked soberano TV22, que vence en abril, pasó a rendir a una tasa negativa de casi 15% en el mercado secundario ante la fuerte demanda. Además, el interés abierto en los contratos de futuros creció con fuerza en las últimas jornadas: sólo entre jueves y viernes aumentó u$s838 millones y las tasas implícitas en los contratos posteriores a marzo superaron el 65%.

Más allá de la situación macroeconómica en plena negociación con el FMI, en el Gabinete económico atribuyen el pico de tensión al contexto electoral. Afirman que los fondos extranjeros que entraron a hacer la bicicleta con el macrismo y aún poseen títulos en pesos pagan precios muy elevados para salir vía CCL, al tiempo que aumentan las operaciones especulativas de algunos importadores y exportadores en el mercado oficial. Esperan que esta dinámica tienda a calmarse después del domingo, sea cual sea el resultado de los comicios.

Intervención


Mientras tanto, el BCRA despliega su artillería en todos los frentes. Por un lado, interviene en los dólares financieros negociados con bonos ley local para contener la brecha. Un informe de la consultora 1816 destacó que el volumen operado con AL30 contra MEP y contra pesos volvió a subir con fuerza y, en base a eso, estima que la entidad que preside Miguel Pesce volcó a esta plaza más de u$s30 millones de las reservas por día en el cierre de la semana pasada para contener su cotización. Ayer, tanto el MEP como el CCL “intervenidos” cerraron apenas abajo de los $182.

De forma indirecta, la intervención sobre las cotizaciones financieras “reguladas” es una manera de intentar ponerle un techo al dólar blue. Es que al mantener más bajo el precio del MEP “regulado” algunos operadores del mercado se vuelcan al llamado “puré”, un rulo que consiste en comprar dólares a $182 en la Bolsa y venderlo en las cuevas a alrededor de $196. Esto suma algo de oferta al billete en el canal ilegal.

En el mercado oficial, que atraviesa un momento de estacionalidad desfavorable tras el fin de la cosecha gruesa, noviembre había comenzado con saldo negativo para la intervención del Central. En parte debido a la flexibilización del cepo al pago anticipado de importaciones de insumos que se implementó en octubre, tuvo que vender unos u$s240 millones en las primeras cuatro ruedas. Pero la medida dictada el jueves pasado, que limitó la posición global neta en moneda extranjera de los bancos para desalentar movimientos especulativos preelectorales, llevó algo de aire para las reservas: el viernes, por la adecuación de las entidades a esa norma, el BCRA pudo comprar unos u$s210 millones y ayer terminó con saldo neutro.

Con todo, en la autoridad monetaria remarcan que noviembre suele ser un mes vendedor por factores estacionales y esperan para esta semana “una fuerte presión de los importadores” sobre el tipo de cambio mayorista. Por eso, señalan que no es un objetivo cerrar la semana con saldo comprador.

A eso se suma el accionar en el mercado de futuros. Como adelantó Ámbito, en octubre el BCRA aumentó su intervención en esa plaza mediante la venta de contratos para moderar las expectativas de devaluación implícitas y cerró el mes con una posición vendida cercana a los u$s3.500 millones. Un número que prácticamente duplicó el nivel de septiembre pero que quedó lejos del pico de octubre del año pasado (llegó a vender u$s8.400 millones en plena corrida). Fuentes del mercado estiman, en base al incremento en el interés abierto en el Rofex y en el MAE, que en el comienzo de noviembre la participación del Central siguió en alza. Entre ambos mercados, puede vender hasta u$s9.000 millones.

Elección y después


En el mercado, advierten que esta política conduce a un drenaje de divisas que presiona sobre las escasas reservas netas. Según el grupo de estudios GERES, estas cerraron octubre en poco más de u$s4.500 millones sin incluir los DEG, que se utilizarán en su mayoría para pagar el vencimiento de diciembre con el FMI. Otras estimaciones privadas las ubican incluso por debajo. Por eso, muchos operadores consideran que resulta insostenible la política de ancla cambiaria que despliega el BCRA para intentar contribuir a una desaceleración de la inflación mensual y buscan cobertura. Así, esperan una fuerte aceleración del ritmo de depreciación después de las elecciones o incluso un salto devaluatorio.

En el gabinete económico descartan ese escenario, como reafirmó días atrás Martín Guzmán. La certeza en los despachos oficiales es que una devaluación afectaría la recuperación de la actividad, dispararía aún más la inflación y agudizaría la crisis social por el impacto en el poder adquisitivo. El Gobierno confía en el poder de fuego del Central para contener el pico de presión electoral y espera que después del domingo reaparezca poco a poco la oferta de divisas y afloje la demanda especulativa.

La perspectiva oficial es que diciembre, como es habitual, sea un mes algo más calmo para el dólar. Estacionalmente, comienza a ingresar la liquidación de la cosecha de trigo (que esta temporada aportaría unos u$s3.800 millones, según la Bolsa de Comercio de Rosario) y crece la demanda de pesos por parte de las empresas y las personas para cubrir los gastos de fin de año (aguinaldo, vacaciones, fiestas, etcétera).

En definitiva, en los distintos despachos económicos oficiales sostienen que la estrategia cambiaria se sostendrá y que no hay ningún volantazo previsto. Mientras, continúan las negociaciones con el Fondo para el nuevo programa que reemplace el multimillonario Stand By que firmó Mauricio Macri y cuyos vencimientos (unos u$s19.142 millones sólo en 2022) hoy son el principal cuello de botella del frente externo. Ya sin DEGs, el compromiso de marzo por u$s2.873 millones ya resultará inafrontable.

Sin embargo, las proyecciones del tipo de cambio y la política cambiaria son parte de la negociación con el FMI, como reconoció ayer el representante del Cono Sur en el directorio del organismo, Sergio Chodos, en la radio El Destape. Aunque, como ya contó Ámbito, en el Gobierno aseguran que no está sobre la mesa una aceleración en el ritmo de devaluación ni una eliminación del cepo hasta dentro de varios años.

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